La sustancia y los accidentes

Domingo por la Tarde . 06 de Noviembre de 2016

En la experiencia de andar con el Señor, uno es llevado a ver y discernir la diferencia entre la sustancia y los accidentes.

La sustancia
La sustancia es la existencia personal. Es lo esencial, la sencillez en la que uno se sabe y encuentra existiendo en Cristo, y sabiéndole en uno como su Vida. Es la vida y experiencia íntima, permanente, inconmovible…

Los accidentes, las circunstancias
Los accidentes los constituyen el ámbito externo de nuestra experiencia, las circunstancias por las que atravesamos.
Los accidentes sin la sustancia están vacíos y pueden engañarnos. Toda acción que no la obramos totalmente en la voluntad y tiempo del Señor, por esforzada, piadosa y excelente, o por justa que nos pueda parecer (recordemos el sermón del monte); u oportuna por alguna “señal”, o por la ocasión que parezca proveernos para el cumplimiento de alguna “justicia” (David, cuando Saúl estaba en la cueva o durmiendo en medio de su ejército dormido) o de algún deseo íntimo nuestro; no sólo bloquea nuestra recepción de la Luz, alejándonos del Señor y enrareciendo nuestro decodificador—trasladándolo, del Espíritu Santo al corazón y la mente natural—, sino que, por lo mismo, puede engañarnos atribuyéndonos ese esfuerzo y excelencia como aparente confirmación de temor, buena voluntad y obediencia—mérito—con lo que, arrogantemente (aun si no lo registramos así, y eso es parte del engaño), justificamos y reforzamos nuestro bloqueo a la Luz.

Profundicemos en el tema y veamos y aprendamos a discernir esta diferencia.