Domingo por la Mañana . 13 de Noviembre de 2016
Oigamos lo que Dios nos dice de la experiencia de algunas personas.
Salmo 107. 4 Anduvieron perdidos por el desierto, por la soledad sin camino, Sin hallar ciudad en donde vivir. 5 Hambrientos y sedientos, Su alma desfallecía en ellos. . . 10 Algunos moraban en tinieblas y sombra de muerte, Aprisionados en aflicción y en hierros, 11 Por cuanto fueron rebeldes a las palabras de Jehová, Y aborrecieron el consejo del Altísimo. 12 Por eso quebrantó con el trabajo sus corazones; Cayeron, y no hubo quien los ayudase. . . 17 Fueron afligidos los insensatos, a causa del camino de su rebelión Y a causa de sus maldades; 18 Su alma abominó todo alimento, Y llegaron hasta las puertas de la muerte.
¿Puede ser ésta tu experiencia?
Llevas años viviendo en este mundo, buscando el sentido de tu vida personal, buscando la felicidad, deseando o intentando conocer la Verdad, y no has podido encontrar los objetos de tu búsqueda.
Te han contado y cantado las excelencias de esta sociedad, sus conocimientos, su progreso, sus obras. Te han ofrecido, exhortado y desafiado a prosperar, a prepararte para tener éxito.
Pero, si has picado en el anzuelo y te has esforzado, has encontrado la misma mentira, falsedad, envidia, competencia y egoísmo y corrupción que en todos los ámbitos de la sociedad.
Has oído historias de amor, has leído novelas, has visto revistas, películas o vídeos; has escuchado y cantado canciones románticas y has visto anuncios de romances de famosos en los medios de comunicación.
Pero en tu propia experiencia, toda la dulzura ha sido amarga, la fidelidad ha sido traición, la soledad ha venido a ser tu compañera habitual, no importa cuántos amigos, compañeros, vecinos o amantes has tenido.
En tu intimidad te has encontrado solo y vacío, no conocido verdaderamente por nadie, no importa el ámbito cotidiano en el que te estés moviendo.
Jesús te ha creado, te conoce total, íntegramente; conoce todo lo oculto, escondido en tu conciencia durante toda tu vida, sentimientos, pensamientos, palabras y acciones, mucho más de lo que tú piensas que te conoces. Y, conociéndote así, sin buscar nada para Él en este mundo, quiso poner Su alma por ti, entregándose a morir en la Cruz, para que tú puedas ser salvo, recibir el perdón de todos tus pecados, nacer de nuevo, de Dios, y ser así hecho Su hijo o Su hija, recibiendo la vida eterna.