Domingo por la Tarde . 20 de Noviembre de 2016
Ezequiel 15. 1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo. 2 Hijo de hombre, ¿qué es la madera de la vid más que cualquier otra madera? ¿Qué es el sarmiento entre los árboles del bosque? 3 ¿Tomarán de ella madera para hacer alguna obra? ¿Tomarán de ella una estaca para colgar en ella alguna cosa? 4 He aquí, es puesta en el fuego para ser consumida; sus dos extremos consumió el fuego, y la parte de en medio se quemó; ¿servirá para obra alguna? 5 He aquí que cuando estaba entera no servía para obra alguna; ¿cuánto menos después que el fuego la hubiere consumido, y fuere quemada? ¿Servirá más para obra alguna?
Veamos ahora también La Viña del Señor—Isaías 5— y La única Vid verdadera—Juan 15
Ante el Tribunal de Cristo, la madera, heno, hojarasca significan las obras del hombre en sí mismo y por sí mismo, que serán quemadas por el fuego de la santidad de Dios.
La madera de la vid no tiene otro sentido, propósito y función que llevar fruto. Jesús no buscó ningún lugar en el ámbito de la dotación, las obras, la formación, la erudición o las excelencias de los hombres: voluntaria y obedientemente cayó en tierra y murió para llevar mucho fruto.
Así, la vida en el cuerpo de los que somos Suyos, no tiene otro sentido, propósito y función que llevar fruto.
Todos los que se sienten dotados, capaces, emprendedores, poderosos, buscando innovar, sorprender, alcanzar nombre, prestigio, excelencia y reconocimiento en el Sistema, aportando ideas, obras y esfuerzo para colaborar en la mejora y progreso del mismo, aun si lo hacen pretendiendo basarse en la Palabra de Dios, “para la obra de Cristo”, y para “transformar al mundo” y “traerlo a los pies de Cristo”, se encontrarán con sus obras quemadas al comparecer ante Su Tribunal.
La Palabra de Dios es Luz, y el Señor Jesús nos ha dejado completa e inequívocamente claro, para los que verdaderamente queremos seguirle, cuál es la dotación y el Camino.