La soberanía de Dios y nuestra responsabilidad.- La obediencia vs la excelencia.- Dos modos y frutos de “dar”. (Primera parte)

Domingo por la Tarde . 01 de Enero de 2017

La soberanía de Dios y nuestra responsabilidad.

La soberanía de Dios no nos quita ni exime de ninguna responsabilidad como personas creadas por Él a Su imagen. Atribuir a Su soberanía, omnisciencia, omnipotencia, diseño y propósito nuestra inclinación deseo y gusto por el mal, y, por tanto, la corresponsabilidad o la responsabilidad por nuestros pecados es prevaricación y doble pecado, es pretender hacer a Dios connivente de nuestra rebelión e independencia, justificando, y aún más, “santificando” nuestra elección y obstinación de rechazar Su Amor, y de amar y hacer el mal (que es aborrecer a Dios) anulando la justicia, la santidad, y negando, por tanto, la naturaleza y el carácter (el Nombre de Dios).

La obediencia versus la excelencia.

En cuanto a la excelencia veremos:

El ámbito, encuadre, búsqueda, consecuencia, expectativas y clímax de la excelencia.

El fin de las más excelentes y admiradas obras del hombre (la ciudad y la torre cuya cúspide llegue hasta el cielo).

El talante, carácter, naturaleza y finalidad última de la excelencia del hombre y sus obras.


En cuanto a la obediencia veremos:

El talante, carácter, naturaleza y finalidad última de la obediencia.

La mansedumbre y la humildad versus la capacidad, proyectos “emprendedurías”, objetivos y logros.

El Señor y Maestro, Su vida y Sus enseñanzas.


Dos motivaciones, modos y frutos de “dar”.

1. Obligación legalista.
Trazar y llenar un marco de justicia que nos dé libertad de conciencia para hacer lo que en el fondo deseamos, e invertir nuestros ingresos en lo que realmente ambicionamos, queremos y buscamos, es el incentivo oculto bajo la capa legal del “diezmo”, con el que sutilmente inficionan en los corazones ingenuos algunos líderes “cristianos”

2. Amor.
El fluir libre, gozoso y abundante del corazón totalmente entregado el Señor, que consciente de que todo lo recibe de Él, lo derrama agradecido en Él, para Su uso y obra, y que sólo desea y busca hacer Su voluntad, acabar la obra que el Señor le ha dado a hacer, y la manifestación en su vida y vivir diarios de Su Nombre y Su gloria.