Domingo por la Tarde . 19 de Marzo de 2017
En tanto que nos tenemos como censores, procurando ver la paja en el ojo de nuestro hermano, la exigencia crítica de nuestra noción de justicia “responsable”, nos impide ver y recibir el Amor del Señor por nosotros. Nos autoestablecemos como fiscales ayudantes del Señor. Olvidamos que Cristo ha entregado Su alma por nosotros, sin que hubiera ningún grado de justicia en nosotros mismos. Que sólo en y por Su justicia, en absoluta gracia, estamos hoy en la Vida, perdonados, bendecidos y amados.
Cuando el amor de Cristo inunda por completo nuestros corazones, no vemos, vivimos ni entendemos otra cosa que Amor. Las oleadas de la marea del Amor de Dios bañan y desbordan todo nuestro ser, de manera que sólo emerge compasión, misericordia y verdad
El amor del hombre ama su sentido de excelencia; busca autocrítica, autoexaltación, complacencia, alabanza.
El Amor de Dios ama lo indeseable y se entrega por ello.
Sólo en la dependencia total de Dios puede el Amor ser visto en uno, y ser comunicado desde Cristo en uno.
Dios no tiene sino una manera de revelarse Él mismo. Ésta es «Cristo en vosotros». Él no tiene otra manera de mostrarse Él mismo a los hombres excepto mientras Cristo vive en nosotros; no por la gloria de la Shekinah en el templo edificado con manos de hombres, sino en vidas redimidas y libertadas, y limpiadas cuando ellas andan en este mundo oscuro con Cristo viviendo en ellas.