Viernes . 17 de Junio de 2016
En esta epístola, tenemos, en primer lugar, la declaración clara e inequívoca del origen, identidad, credenciales y autoridad de los verdaderos Apóstoles y Siervos de Dios.
Luego, desde la expresión y manifestación en la vida de esas credenciales y autoridad, se nos declara y enseña:
- La necesidad de santidad en las iglesias.
- La diferencia total e inconfundible entre el hombre natural y el espiritual.
- La soberanía de Dios en el diseño y orden natural del varón y la mujer.
- El orden en las iglesias.
- La Sustancia de los dones a las iglesias y a los creyentes.
- La soberanía de Dios en la constitución, dotación, emplazamiento de los miembros de la Iglesia y en la coordinación, administración y ejercicio de los dones.
Finalmente se nos recuerda y define el Evangelio y los resultados presentes y futuros de la resurrección de Cristo en los que verdaderamente creen y esperan en Él.