Comentario en 1º Reyes

Viernes . 01 de Julio de 2016

Años -971 a -853 abarca un período de 118 años
La Verdad de Dios, Su poder y fidelidad en llevar a cabo todo Su consejo en el cumplimiento del tiempo por Él señalado, aun en medio de la incredulidad, rebelión y apostasía de Su propio pueblo, y Su gracia soberana en algunos creyentes fieles en ese ámbito y atmósfera de incredulidad y pecado.
Los tipos que anunciaban y apuntaban a la Persona, Vida, y obra del Señor Jesús de Nazaret, Su ser rechazado, a Su triunfo sobre el mal y a Su entronización en el cielo y a Su reinado milenial.

Las elecciones del corazón expuestas por la Palabra de Dios en la totalidad de vidas reales en la Historia.

Las cosas que antes se escribieron, para nuestra enseñanza se escribieron.
La verdadera fe tiene su origen, sustancia, ámbito, fuerza, perseverancia y garantía en Dios. Nada externo, ninguna circunstancia, apariencia de éxito o fracaso la afirma o debilita.
Algunas personas que han sido o son altamente dotadas, o simplemente dotadas por encima del nivel medio de su entorno, pueden mostrarse firmes y fieles cuando tienen objetivos de poder, autoridad, influencia, nombre, prestigio o riquezas que se proponen alcanzar.

Se someten externamente a aquellos que Dios ha establecido para guiar y dirigir a Sus hijos, a Su pueblo, a Su Iglesia, pero sólo aguardando el tiempo, momento y ocasión para tomar ellos el mando. Mientras tanto, muestran fuerza, valor, firmeza y “fidelidad”, tratando de aparecer como ejemplos, pero, en su intimidad, sólo están cultivando y exhibiendo su amor propio, y preparando al pueblo de Dios, tratando de usar su dotación para ganar los corazones de ellos, introduciendo dudas, juicios y críticas de manera larvada, aprovechándose de las circunstancias difíciles y de la debilidad de los creyentes; buscando aparecer como confidentes comprensivos y amorosos con sus limitaciones y debilidades, haciéndoles ver lo deseable que sería para los sencillos y débiles creyentes el cambio de liderazgo—cambio del actual o actuales puestos por el Señor a él o ellos—de manera que, llegado el momento, estén dispuestos a seguirles aun en contra de lo que Dios les ha estado enseñando y mostrando en las vidas de aquellos que Él puso como ejemplo, y en los que Él manifestó Su Nombre.

Algunos se revelan usando esa dotación recibida de Dios, para levantar emociones, manipulando los sentimientos de las congregaciones, produciendo “momentum” y generando catarsis. Otros esperan pacientemente el declive—por edad o disminución de fuerzas de los que han estado conduciendo el rebaño del Señor—para “renovar”, “actualizar” todo lo que los creyentes han recibido de los que Cristo puso.

Gracias a Dios, los verdaderamente fieles lo son hasta la muerte—no de los demás, sino suya—, de manera que ninguna oleada los sacude y los hace cambiar de dirección o criterio. Ellos no cuentan con su fuerza—son los escogidos de Dios—sino con la fidelidad y el Nombre de Dios, Su Palabra, Su Espíritu y Su propósito. No se apoyan, ni aprovechan, ni son envalentonados ni hundidos por ninguna circunstancia.
Y es esa fidelidad de fe hasta la misma muerte que testifica de la autenticidad de la elección del corazón de esas personas.