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Reuniones de Jul. de 2017
Yo he sido ya sentado en los lugares celestiales juntamente con Cristo, mi Señor.
Mi amor es Su Amor por mí y en mí.
Ningún estímulo fuera de Él. Ninguna búsqueda de reconocimiento, de aprobación o alabanza de los hombres.
La corriente, el torrente de Su Amor es todo lo que me llena, inunda, rebosa y se derrama de mí a todos mis hermanos, sin buscar argumentos, dignidad o mérito alguno en ellos. Es mi deseo que ese raudal que me anega y me tiene inmerso en el Nombre, comunión y Amor con mi Amado se derrame desde mí sobre mis hermanos, y me lleve a poner mi vida por ellos con gozo, plenitud y delicia en Él, y por causa de Él.
Y no sólo por ellos, sino por todas y cada una de las almas que el Señor ponga en mi andar.
¿La conoces? ¿la tienes? ¿la quieres?
En Edén, donde puso Dios al hombre, entre todos los árboles deliciosos a la vista y buenos para comer, estaban el árbol del conocimiento del bien y del mal y el árbol de la Vida. El único árbol del que Dios prohibió al hombre comer, fue el del conocimiento del bien y del mal, con la clara advertencia de que, si comía del fruto de aquel árbol, el mismo día que comiese, moriría.
Adán lo sabía muy bien, y, con todo, comió del fruto del árbol prohibido, perdiendo la Vida ese mismo día, y entrando en la muerte, y haciendo que la Creación entera quedara sujeta vanidad, y a la esclavitud de corrupción.
Romanos 5.12; 8.20,21
Desde entonces, toda la descendencia de Adán hemos venido a este mundo en pecado y en muerte. Toda nuestra experiencia es la que ofrece la muerte.
Entonces.. ¿Qué ha sido, y qué es necesario para que tengas la Vida?
No te distraigas. Pon toda tu atención, porque es tu historia.