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Reuniones de Mar. de 2017
En tanto que nos tenemos como censores, procurando ver la paja en el ojo de nuestro hermano, la exigencia crítica de nuestra noción de justicia “responsable”, nos impide ver y recibir el Amor del Señor por nosotros. Nos autoestablecemos como fiscales ayudantes del Señor. Olvidamos que Cristo ha entregado Su alma por nosotros, sin que hubiera ningún grado de justicia en nosotros mismos. Que sólo en y por Su justicia, en absoluta gracia, estamos hoy en la Vida, perdonados, bendecidos y amados.
Cuando el amor de Cristo inunda por completo nuestros corazones, no vemos, vivimos ni entendemos otra cosa que Amor. Las oleadas de la marea del Amor de Dios bañan y desbordan todo nuestro ser, de manera que sólo emerge compasión, misericordia y verdad
El amor del hombre ama su sentido de excelencia; busca autocrítica, autoexaltación, complacencia, alabanza.
El Amor de Dios ama lo indeseable y se entrega por ello.
Sólo en la dependencia total de Dios puede el Amor ser visto en uno, y ser comunicado desde Cristo en uno.
Dios no tiene sino una manera de revelarse Él mismo. Ésta es «Cristo en vosotros». Él no tiene otra manera de mostrarse Él mismo a los hombres excepto mientras Cristo vive en nosotros; no por la gloria de la Shekinah en el templo edificado con manos de hombres, sino en vidas redimidas y libertadas, y limpiadas cuando ellas andan en este mundo oscuro con Cristo viviendo en ellas.
¿Por qué algunas personas están tan desorientadas y andan sin saber quiénes son, de dónde vienen y a dónde van, palpando como ciegas, sin entender el sentido de su ser persona ni de su propia vida y camino?
¿Por qué hay tanta soledad, aislamiento, vacío y depresión?
El hombre trata de analizar y hallar razones e imaginar, inventar hipótesis que puedan servir de base para entender o justificar su experiencia de desolación y desesperanza.
Isaías 59 8 No conocieron camino de paz, ni hay justicia en sus caminos; sus veredas son torcidas; cualquiera que por ellas fuere, no conocerá paz. 9 Por esto se alejó de nosotros la justicia, y no nos alcanzó la rectitud; esperamos luz, y he aquí tinieblas; resplandores, y andamos en oscuridad. 10 Palpamos la pared como ciegos, y andamos a tientas como sin ojos; tropezamos a mediodía como de noche; estamos en lugares oscuros como muertos. 11 Gruñimos como osos todos nosotros, y gemimos lastimeramente como palomas; esperamos justicia, y no la hay; salvación, y se alejó de nosotros.
La única manera de conocer el camino en el que estamos, y entender la meta a la que nos estamos dirigiendo, es retroceder por todo el sendero, atrás, atrás, hasta el principio, hasta el inicio, hasta nuestro origen. El único que puede llevarte allí, es el que estuvo en el principio.
Yendo al principio de tu historia: El Creador de todo cuanto existe.
Como aquel hombre ciego de nacimiento (Juan 9:1), todos hemos venido ciegos a este mundo; ciegos a la verdadera Luz de la Vida. Hemos llegado sin saber quiénes éramos, qué hacíamos aquí, de dónde veníamos y a dónde íbamos.
En este mundo, sociedad y Sistema no hay luz. Desde niños; hombres igual de ciegos que nosotros, nos han contado las historias que han inventado, y que los más dotados han querido hacernos creer, para sacar el mejor provecho de nosotros.
Así, en oscuridad, a tientas y palpando, hemos ido acomodando las mentiras que nos han enseñado a nuestros deseos e imaginaciones.
Pronto, a medida que nuestras creencias han formado un sistema sólido de confianza en las personas que se nos presentaron como autoridades, sea educadores, profesores o responsables religiosos, hemos sufrido los primeros quebrantos al sentirnos defraudados por esas personas, con lo que, a la vez que se rompía la confianza en ellas, crecía y se afirmaba nuestro amor propio, nuestro orgullo.
Nuestra pérdida de confianza en los demás, era sustituida por nuestra confianza en nosotros mismos.
Más adelante, al iniciar nuestra actividad laboral en cualquier empresa, hallamos que la envidia, la competencia, las mentiras y cualquier tipo de deshonestidad forman el ambiente laboral o profesional, así como en nuestras relaciones amistosas.
Y así, hemos ido encontrándonos con esta misma experiencia en cada relación o amistad. Siempre hemos encontrado ese egoísmo que ni nosotros comprendemos.
Ya cuando todo se ha derrumbado, empezamos a considerar el movernos de la atmósfera en la que hemos crecido. Tal vez en otras áreas geográficas, en otras regiones o países, de los que hemos oído alabanzas; en otras culturas, encontremos la dirección y experiencia que nos abra los ojos y nos dirija al conocimiento de la verdad, de quién soy realmente, de cuál es el sentido y dirección de mi vida aquí, de a dónde me está conduciendo mi caminar por este mundo.
Pero la Luz ha venido al mundo, y hoy podemos entender y conocer la Verdad.
¡No te detengas! Conoce hoy la verdad y podrás discernir por qué camino quieres andar: Jesús de Nazaret, el Amor y la Vida, o el odio, el desespero y la muerte.