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Reuniones de Nov. de 2016
En esta reunión estaremos viendo una serie de cosas que han de pasar los que de verdad son llamados por el Señor y quieren seguirle, veremos qué dice Dios sobre cada una de estas situaciones en las que muchos creyentes podemos encontrarnos y personalidades que podemos adoptar si no estamos velando, creyendo y buscando de verdad al Señor; Para aprender y corregirnos delante de Él.
Comentario de la lectura semanal en Apocalipsis del 1 al 22, Salmos 45, Isaías 11,35,40,59 y 66, y Hechos 1
Ezequiel 15. 1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo. 2 Hijo de hombre, ¿qué es la madera de la vid más que cualquier otra madera? ¿Qué es el sarmiento entre los árboles del bosque? 3 ¿Tomarán de ella madera para hacer alguna obra? ¿Tomarán de ella una estaca para colgar en ella alguna cosa? 4 He aquí, es puesta en el fuego para ser consumida; sus dos extremos consumió el fuego, y la parte de en medio se quemó; ¿servirá para obra alguna? 5 He aquí que cuando estaba entera no servía para obra alguna; ¿cuánto menos después que el fuego la hubiere consumido, y fuere quemada? ¿Servirá más para obra alguna?
Veamos ahora también La Viña del Señor—Isaías 5— y La única Vid verdadera—Juan 15
Ante el Tribunal de Cristo, la madera, heno, hojarasca significan las obras del hombre en sí mismo y por sí mismo, que serán quemadas por el fuego de la santidad de Dios.
La madera de la vid no tiene otro sentido, propósito y función que llevar fruto. Jesús no buscó ningún lugar en el ámbito de la dotación, las obras, la formación, la erudición o las excelencias de los hombres: voluntaria y obedientemente cayó en tierra y murió para llevar mucho fruto.
Así, la vida en el cuerpo de los que somos Suyos, no tiene otro sentido, propósito y función que llevar fruto.
Todos los que se sienten dotados, capaces, emprendedores, poderosos, buscando innovar, sorprender, alcanzar nombre, prestigio, excelencia y reconocimiento en el Sistema, aportando ideas, obras y esfuerzo para colaborar en la mejora y progreso del mismo, aun si lo hacen pretendiendo basarse en la Palabra de Dios, “para la obra de Cristo”, y para “transformar al mundo” y “traerlo a los pies de Cristo”, se encontrarán con sus obras quemadas al comparecer ante Su Tribunal.
La Palabra de Dios es Luz, y el Señor Jesús nos ha dejado completa e inequívocamente claro, para los que verdaderamente queremos seguirle, cuál es la dotación y el Camino.
¿Crees en la Persona, obra y Palabra de Jesús de Nazaret?
Por dos mil años se ha estado predicando el Evangelio ¿Lo has oído tú? ¿Crees en Él? ¿te llamas creyente, asistes a reuniones en una Congregación? ¿Conoces verdaderamente a Jesús; estás con Él? ¿le estás sirviendo y esperando?
Vamos a estar viendo Su maravillosa Persona y Sus obras de gracia, compasión y Amor:
Ciegos que creen que Jesús puede darles la vista, y la reciben.
Los que están manchados, llenos de pecado, y creen que Jesús puede sanarles y limpiarles.
Personas, almas depravadas que reciben el perdón de sus pecados al creer en Jesús.
Sordos que reciben la audición al ser traídos a Jesús.
Endemoniados, bajo la autoridad de espíritus, que son totalmente liberados por Jesús.
Muertos que reciben la vida por la compasión de Jesús.
Personas que oyen la voz de Jesucristo llamándoles por su nombre.
Personas que se habían perdido, a las que el Señor Jesús busca, encuentra y llama por su nobre.
También vamos a estar viendo el contenido total del hombre durante toda la experiencia de su vida en el mundo, y el final seguro de todos:
Lo que ha establecido Dios, y cada hombre ha de encontrar después de la muerte.
La necesidad de velar y asegurarse de que uno realmente esté y permanezca en comunión con el Espíritu Santo.
La necesidad de servir al Señor íntegramente, con toda la dotación que Él nos ha dado.
Los siervos fieles y el resultado de su obra de servicio.
El engaño de los que no sirven de verdad, totalmente al Señor.
El siervo malo y negligente y su final.
El final de los verdaderos creyentes nacidos de nuevo y fieles y el final ya anunciado de los que son cobardes e incrédulos.
La acción judicial de Dios para los que, habiendo conocido el Evangelio, se han obstinado en no querer recibir el amor de la verdad.
La verdad del inefable e infinito Amor de Dios, y de Su ardiente deseo de salvar a todos los hombres y mujeres.
El verdadero y único Camino: Juan 14.6
Los que, habiendo oído el Evangelio, rehúsan creer en el Hijo de Dios y recibir Su perdón y Su Amor.
Comentario de la lectura semanal en Salmo 83, Ezequiel 38 y 39, Zacarías 13 y 14, Malaquías 4
Oigamos lo que Dios nos dice de la experiencia de algunas personas.
Salmo 107. 4 Anduvieron perdidos por el desierto, por la soledad sin camino, Sin hallar ciudad en donde vivir. 5 Hambrientos y sedientos, Su alma desfallecía en ellos. . . 10 Algunos moraban en tinieblas y sombra de muerte, Aprisionados en aflicción y en hierros, 11 Por cuanto fueron rebeldes a las palabras de Jehová, Y aborrecieron el consejo del Altísimo. 12 Por eso quebrantó con el trabajo sus corazones; Cayeron, y no hubo quien los ayudase. . . 17 Fueron afligidos los insensatos, a causa del camino de su rebelión Y a causa de sus maldades; 18 Su alma abominó todo alimento, Y llegaron hasta las puertas de la muerte.
¿Puede ser ésta tu experiencia?
Llevas años viviendo en este mundo, buscando el sentido de tu vida personal, buscando la felicidad, deseando o intentando conocer la Verdad, y no has podido encontrar los objetos de tu búsqueda.
Te han contado y cantado las excelencias de esta sociedad, sus conocimientos, su progreso, sus obras. Te han ofrecido, exhortado y desafiado a prosperar, a prepararte para tener éxito.
Pero, si has picado en el anzuelo y te has esforzado, has encontrado la misma mentira, falsedad, envidia, competencia y egoísmo y corrupción que en todos los ámbitos de la sociedad.
Has oído historias de amor, has leído novelas, has visto revistas, películas o vídeos; has escuchado y cantado canciones románticas y has visto anuncios de romances de famosos en los medios de comunicación.
Pero en tu propia experiencia, toda la dulzura ha sido amarga, la fidelidad ha sido traición, la soledad ha venido a ser tu compañera habitual, no importa cuántos amigos, compañeros, vecinos o amantes has tenido.
En tu intimidad te has encontrado solo y vacío, no conocido verdaderamente por nadie, no importa el ámbito cotidiano en el que te estés moviendo.
Jesús te ha creado, te conoce total, íntegramente; conoce todo lo oculto, escondido en tu conciencia durante toda tu vida, sentimientos, pensamientos, palabras y acciones, mucho más de lo que tú piensas que te conoces. Y, conociéndote así, sin buscar nada para Él en este mundo, quiso poner Su alma por ti, entregándose a morir en la Cruz, para que tú puedas ser salvo, recibir el perdón de todos tus pecados, nacer de nuevo, de Dios, y ser así hecho Su hijo o Su hija, recibiendo la vida eterna.
Comentario de la lectura semanal en Ezequiel del 33 al 48, Isaías 4 y 28, Jeremías 4 y Mateo 23
En la experiencia de andar con el Señor, uno es llevado a ver y discernir la diferencia entre la sustancia y los accidentes.
La sustancia
La sustancia es la existencia personal. Es lo esencial, la sencillez en la que uno se sabe y encuentra existiendo en Cristo, y sabiéndole en uno como su Vida. Es la vida y experiencia íntima, permanente, inconmovible…
Los accidentes, las circunstancias
Los accidentes los constituyen el ámbito externo de nuestra experiencia, las circunstancias por las que atravesamos.
Los accidentes sin la sustancia están vacíos y pueden engañarnos. Toda acción que no la obramos totalmente en la voluntad y tiempo del Señor, por esforzada, piadosa y excelente, o por justa que nos pueda parecer (recordemos el sermón del monte); u oportuna por alguna “señal”, o por la ocasión que parezca proveernos para el cumplimiento de alguna “justicia” (David, cuando Saúl estaba en la cueva o durmiendo en medio de su ejército dormido) o de algún deseo íntimo nuestro; no sólo bloquea nuestra recepción de la Luz, alejándonos del Señor y enrareciendo nuestro decodificador—trasladándolo, del Espíritu Santo al corazón y la mente natural—, sino que, por lo mismo, puede engañarnos atribuyéndonos ese esfuerzo y excelencia como aparente confirmación de temor, buena voluntad y obediencia—mérito—con lo que, arrogantemente (aun si no lo registramos así, y eso es parte del engaño), justificamos y reforzamos nuestro bloqueo a la Luz.
Profundicemos en el tema y veamos y aprendamos a discernir esta diferencia.
Comentario de la lectura semanal en Ezequiel del 1 al 32